Como sacado de cómic parece este mundo subterráneo en Chihuahua. Pero la realidad supera la ficción: LA CUEVA DE LOS CRISTALES DE NAICA, poblada de espectaculares y enormes cristales de selenita o «piedra de la luna», nos muestra su gran belleza de aspecto diáfano a 300 metros bajo tierra, en un ambiente donde la apariencia de hielo contrasta, en la profundidad con altas temperaturas de hasta 50°C ya que la mina se encuentra localizada sobre aguas termales que, a su vez, son calentadas por una cama subterránea de magma.

En este paisaje utópico fue descubierto por casualidad en el año 2000 por los hermanos Francisco Y Eloy Delgado. Los espeólogos estaban siguiendo una veta de plomo, cuando dieron con estas formaciones minerales tan espectaculares, que emergieron al bombear el agua que las sumergía.

 

Debido a las complicadas condiciones propias del ambiente se han utilizado de manera exclusiva para su conservación y estudio científico.

Los tres puntos más populares comprenden:

La Cueva de las Espadas (la menos profunda a 120 metros), cuyas paredes, suelo y techo están cubiertos de selenita;

La Cueva Ojo de  Reina, es una cavidad cerrada llena de cristales, unos transparentes y otros traslúcidos.

La Cueva de las velas con formaciones de aspecto lechoso están cubiertas de pequeños cristales que parecen escarcha.

 

Según los geólogos debían haber estado formándose por más de un millón de años en ese útero cálido y escondido. En su gran mayoría los cristales naturales se forman a partir de la cristalización de gases sobre la pared interior de las cavidades rocosas a las que se les llama geodas. Sus proporciones equivalen a un edificio de dos a cuatro pisos en cuanto a la longitud y tiene el peso de un autobús de pasajeros, estas extraordinarias características hacen que estos cristales sean lo más grandes en el mundo.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *